Revue Quart Monde n°186, 2003

« Si miras al otro como alguien que se te parece... »

Mis à jour le lundi 24 avril 2006.

« Si miras al otro como alguien que se te parece... »

Fabrice Matsima .

(Militante de Cuarto Mundo en París. Participa en un coro donde ha descubierto todo lo que puede aportar la cultura. Dialoga con Claire Hédon, periodista).

Extractos de una entrevista con Claire Hédon .

« Una mirada positiva hace vivir » Como el agua bebida en una fuente. Es la base para el respeto de los derechos.

Claire Hédon : ¿Qué representa para ti el respeto de los derechos fundamentales que te preocupan ?

Fabrice Matsima  : La defensa de los derechos fundamentales para todos es, a mi modo de ver, uno de los avances sociales más importantes en Europa. Pero tengo la impresión de que, en estos últimos meses estamos en una fase de retroceso. Se ataca a los que no tienen nada y, en lugar de ayudarles a adquirir sus derechos, se les hunde un poco más. Un ejemplo. Conozco a dos hombres que vivían en un pequeño parque desde hacía meses sin molestar a nadie y dejando limpio el lugar. Un día encontraron en una papelera unos disquetes y material informático. Sospechosos de haberlos robado, fueron detenidos y expulsados de su sitio. Instalados después en un banco cincuenta metros más allá han sido olvidados, por así decirlo.

C. H. : ¿Cuáles son para ti los derechos fundamentales ?

F. M. : En primer lugar, el respeto de la vida privada y de la libertad de cada uno, pero también de su derecho a la salud, a una vida familiar, a la educación, al saber, a la cultura, a todo lo que puede hacerle « una persona normal que tiene un hogar » Algunos sólo tienen la libertad de estar sentado en un banco ¡y esperar ! No les queda más que eso.

C. H. : ¿Cómo has tomado conciencia de esos derechos ?

F. M. : Soy de naturaleza agresiva, así que puedo llegar a pelearme. Me resulta inadmisible ver a alguien que sufre. He comprometido mi vida en esta defensa de los derechos fundamentales de la persona. Reivindico para cada uno el derecho de informarse, el derecho de probar, de cometer errores. Atreverse con nuevas experiencias ya es tener valor.

Ningún hombre tiene derecho a tener dominio sobre el prójimo. En la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 se afirma que todos somos iguales. También es lo que afirma la ley contra las exclusiones de 1998 en Francia. Es necesario defender la dignidad y el respeto de las personas. Porque un ser humano no tiene derecho a dejar a otro ser humano tirado en la acera. Vivimos en un Estado que selecciona a la gente, que practica la « diplomitis » aguda y que acaba en una especie de « meritocracia ».

C. H. : ¿Cómo haces para defender a las personas ?

F. M. : Cuando veo un hecho que me subleva, lo digo. Por ejemplo, he visto a una voluntaria de una asociación tratar a la gente como si fueran menos que nada. Un día, durante una comida en la que ella aseguraba el servicio, le prohibió a alguien recibir una llamada telefónica. Yo reaccioné : « Puede ser urgente, para un trabajo, una cita y ¿le vas a prohibir que conteste ? » Ella me contestó : « Aquí no estamos en el restaurante ». Le respondí : ¡Nos sirves la mesa y dices que no estamos en el restaurante ! Entonces, si ya no tenemos derecho al más mínimo placer, ¿a dónde vamos ?

C. H. : ¿Por qué te interesa especialmente el derecho al saber ?

F. M. : Porque proporciona dignidad y orgullo a la gente. El saber intelectual, pero también el saber cultural : entender un cuadro, disfrutar una música, ver una obra de teatro, leer un poema de Víctor Hugo.

C.H. : ¿Por qué vinculas saber y dignidad ? F.M. : Cuando se tiene acceso a estas cosas se está en pie, se puede elegir, acceder a un trabajo, dialogar con otras personas. Ya no se es pequeño, inútil y, sobre todo, ya no se está solo. Se puede hablar de otras cosas que no sean los problemas. Es la posibilidad de ser verdaderamente humano, de abrir el propio espíritu y el corazón. Todos sabemos cosas. Todos tenemos una sensibilidad. Es preciso intercambiar, compartir. Pero para ello es importante la mirada de los otros.

Hay miradas que nos consumen, que nos matan. La mirada nos condiciona, nos pone una etiqueta que es difícil de quitar. Pero una mirada positiva nos hace vivir, como si se bebiera el agua de una fuente. Nos riega el cerebro y todo el cuerpo. Nos da fuerzas para seguir adelante.

C. H. : Entonces hay un vínculo entre la mirada y los derechos fundamentales.

F. M. : Si miras al otro como a alguien que se te parece, ¿vas a negarle los derechos que tienes tu mismo ? Pero si no ves en el otro más que a alguien que no sabe expresarse, que es completamente ajeno a lo que tú eres, entonces le restringes el acceso a los derechos y no respetas su libertad y su dignidad. Es necesario que la gente se hable, que hagan cosas juntos, pobres y ricos. Es entonces cuando aprenden a conocerse, a comprenderse y la mirada cambia.

C. H. : ¿Es difícil hacer comprender que el conjunto de los derechos es indispensable ?

F. M. : Es algo que exige mucha energía. ¡Como si la única aspiración para los más pobres fuera que tuvieran un lugar para dormir y para comer ! A veces se les oye gritar, decir que existen. Nunca se debe aceptar una injusticia, para que las nuevas generaciones no conozcan una situación como la nuestra. Afortunadamente no estamos solos.

Traducción : Isabel Acuña .